Foto Rosita Manrique

Después de varias semanas de paros, marchas, bloqueos y diferentes manifestaciones, como colombiana me siento en la necesidad de parar para decantar lo vivido. En medio de la complejidad de la coyuntura, soy cada vez más consciente de la importancia de no dejarme llevar por explicaciones simplistas; entre más pregunto y más escucho, más entiendo que para poder aportar tengo que completar mi versión de la historia.

En un país profundamente polarizado y en un mundo en el que la desinformación es la norma, mientras las redes sociales nos refuerzan permanentemente nuestras propias verdades, es cada vez más difícil encontrar puntos de encuentro. Pareciera que nuestra sociedad es un archipiélago de islas desconectadas, donde todos hablamos idiomas diferentes, como en la Torre de Babel; y en esos pequeños ‘mundos’ nos contamos y repetimos las mismas historias, hablamos de los “otros” con total certeza, etiquetándolos, clasificándolos y, al final, separándonos entre “buenos y malos”.

Gracias a mi experiencia en Origen, he tenido el inmenso privilegio de conocer a líderes maravillosos, que con genuino interés están aportando a la construcción de Colombia en diferentes escenarios: líderes comunitarios y empresariales; policías y líderes sociales; líderes de derecha y de izquierda; del campo y de la ciudad; jóvenes y personas mayores; blancos, negros e indígenas. Las historias de cada uno de ellos y los espacios mágicos de encuentro que hemos presenciado nos han demostrado que al final es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, pero para lograr encontrar caminos de construcción colectiva debemos empezar por aceptar que “mi verdad” puede no ser la única verdad.

Estoy convencida de que los difíciles momentos que vivimos pueden ser una inmensa oportunidad para reencauzar el rumbo, generar consensos y unirnos alrededor de una visión de país incluyente e inspiradora; sin embargo, para lograrlo debemos empezar a construir puentes que conecten mundos diferentes. Hoy, Colombia necesita que nos ‘prestemos las gafas’, que preguntemos más y escuchemos con genuina curiosidad para comprender, para ampliar nuestra mirada. Los retos son grandes y complejos, y solamente con el aporte de todos lograremos avanzar alrededor de una nueva agenda nacional, en donde todos quepamos y todos aportemos.

¡No nos dejemos llevar por la corriente, no caigamos en la trampa de la división! Hoy los invito a ser ‘puentes’ que conectan y no muros que dividen. Los invito a ser inquietos, a preguntar más, a ser cuidadosos con sus palabras y con las etiquetas que nos impiden ver al ser humano más allá de su ideología. Cambiar el rumbo depende de todos y empieza por creer que la mayoría de los colombianos somos buenos; solo desde esa certeza será posible dejar de separarnos en bandos para vernos como aliados en el retador pero maravilloso proceso de construir la Colombia con la que todos soñamos… y nos merecemos.

Rosita Manrique
Cofundadora y Presidente Ejecutiva de Origen Comunidad de Liderazgo