Discurso de Harold Acevedo, integrante de la EPA Carpe Diem.

Considero un honor haber sido elegido para representar esta noche a mis compañeros de WEPA, para todos y cada uno de ustedes, mi más sincera manifestación de admiración y afecto. No podía dejar de mencionar a mis amigos de Carpe Diem, mis compañeros y apoyo en esta aventura, espero que la vida nos permita seguir caminando juntos mucho tiempo más, saben cuánto los quiero. Para las personas que fundaron esta maravillosa iniciativa y en especial al Sr. Francisco Manrique, gracias por permitirnos ser parte de la gran experiencia que es Origen. Para nuestros facilitadores de WEPA y de cada una de las EPA, gracias por su amor y dedicación, por llevarnos de la mano durante cada fase de este proceso, entregando lo mejor de ustedes en cada momento. A cada Coach individual por inspirar el descubrimiento de habilidades y talentos que no sabíamos que teníamos dentro. A Marcela Velásquez, Lina Montenegro, Mariana García, Linita Sánchez y todos los demás miembros del equipo de Origen, gracias por su apoyo permanente, sin el cual nada de esto habría sido posible.

Hace cuatro meses, 38 personas de los entornos y características más diversas comenzaron el programa integral de liderazgo de la Fundación Origen. Cada uno traía su propia historia, sus vivencias, sus conocimientos, expectativas, incluso sus propias creencias frente a lo que podría llegar a ser esta experiencia. Por algunos momentos, le concedimos al programa parte de nuestra atención y de nuestro tiempo, aún convencidos con la idea de poder partirnos entre las llamadas, mensajes y solicitudes que nos seguían llegando de nuestros trabajos, mientras empezaban a retumbar en nuestras cabezas conceptos relacionados con el círculo del liderazgo, la bitácora y los saboteadores del aprendizaje. Probablemente ninguno se imaginaba hasta dónde nos llevaría este camino que empezábamos a recorrer ese día, qué tan profundo iba a llegar dentro de nosotros. Nos sentíamos cómodos en ese espacio que con tanto cuidado y esfuerzo habíamos construido.

Y pronto nos hicieron salir de ahí.

Teníamos entonces una primera inmersión, algo que sonaba a un paseo buenísimo, plan todo incluido, tres días perdidos del trabajo y de la casa, delicioso!!! Cuando nos dimos cuenta, nos estaban mandando a dormir a la montaña y el plan todo incluido comprendía dos pedazos de plástico y un pollo descuartizado -salimos en 30 minutos para que alcancen a llegar al sitio antes que anochezca!!. Que teníamos que decir, GRACIAS?!?

Marchando a cumplir nuestro trágico sino, dejábamos atrás las comodidades que nos habían prometido, acompañados de un grupo de personas con las cuales lo máximo que habíamos hecho era saltar lazo y preguntarnos – bueno, saltar lazo y el liderazgo qué?

Qué nos íbamos a imaginar la transformación que tendríamos, cómo ese grupo de conocidos que subió una montaña bajó convertido en una fraternidad, en una familia.

Desde ahí todo empezó a fluir de una manera vertiginosa y mágica: en medio de experiencias de fuego, tierra, aire y agua, empezaron a llegar los retos colectivos, cargados con un matiz de travesía y transformación individual, donde pudimos sentir un poco de eso que es ayudar al otro, ponerme en sus zapatos y caminar con él; donde en medio de modelos mentales, metodologías y herramientas, descubrimos el valor de trabajar hombro a hombro, el desafío de escuchar, la alegría de construir algo donde antes no había nada, el valor de abordar el conflicto, pedir ayuda, hacerme responsable, creer.

Se nos motivó a estar conectados con nuestras emociones, viviendo así una experiencia que para muchos, me cuento entre ellos, se convirtió en uno de los más grandes regalos de este programa: mantener contacto profundo con nuestros sentimientos y emociones para descubrir lo que nos querían enseñar, para permitir que de una manera natural y consciente, habitaran en nosotros. También para conectarnos con los demás desde la empatía y verlos verdaderamente como son, despojándonos de juicios y suposiciones, pudiendo entablar un diálogo honesto y profundamente enriquecedor, otorgándonos ver a la persona que teníamos en frente con los ojos indulgentes que reconocen al que sufre y aún así, al que saca su mejor actitud cada día, al que a pesar de saber la batalla perdida, se levanta y da la lucha de nuevo, no con la certeza de que va a ganar, sino con la certeza de que no va a dejar de perseverar. Y resultó que no siempre teníamos que mostrarnos fuertes, entendimos que desde la vulnerabilidad podemos conmovernos, sentir profundamente al otro y enlazarnos.

Hoy cerramos este círculo habiendo compartido historias, habiendo ayudado a otros desde lo profesional y desde lo personal, habiendo definido objetivos que vislumbran un bien colectivo que va mucho más allá de nosotros mismos, habiendo fortalecido nuevas habilidades y con la capacidad de apreciar el mundo con una visión mucho más amplia.

Qué orgullo ser parte de este programa y que responsabilidad inmensa la que recibimos desde siempre y ahora es inminente: ya el cambio comenzó en cada uno de nosotros, ahora tenemos que ayudar en la construcción de nuestro futuro deseado, el de nuestras empresas, el de nuestras familias, el de nuestros hijos.

Ahora, estamos listos.

No podemos dejar de sentir un poco de nostalgia al saber que ya no tendremos nuestros miércoles de encuentro, nuestras charlas, nuestras sesiones de aprendizaje, el poder encontrarnos todos y compartir tanto. Ahora, si queremos, dedicaremos ese tiempo a poner en práctica todo lo aprendido y a seguir construyendo país, esto aún es un reto por opción. Cada uno seguirá enfrentando sus propios desafíos con la misma valentía con la que llegó el primer día, con las mismas ganas, con el mismo tesón y perseverancia pero con nuevas y poderosas herramientas que facilitarán la tarea, entre ellas el apoyo y afecto de este grupo de personas maravillosas, aquellos con los que aprendimos a compartir risas y lágrimas, trabajo y convivencia, retos y logros, hasta convertirnos en el grupo de líderes que somos hoy, sin duda la mejor promoción de Origen hasta la fecha.

Aristóteles decía que la felicidad no es un estado, es una actividad, “solo al final de la vida podrás decir si has sido feliz o no”. Aquí también, el programa integral de liderazgo de la Fundación Origen nos ha mostrado que si queremos ser felices tenemos que guerrearla y llevar todo esto a la acción. Ahora además somos conscientes y estamos motivados a compartir lo aprendido: que otros, los propios y los lejanos, los que piensan como nosotros y los que piensan diferente se sientan inspirados y se sumen.

Al final podremos decir que estamos en camino de cumplir la gran tarea, dispuestos a dejar nuestra huella y a hacer la diferencia.

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